Un lugar para soñar (We bought a zoo)

Un lugar para soñar (We bought a zoo)

Se veia venir que era una película buenrollista desde el cartel y desde ese “Del director de Jerry Maguaire”. Ademas el trailer no deja lugar a dudas, buenrollista, familiar, con bichos y final feliz asegurado. Así que difícilmente uno puede sentirse decepcionado o engañado cuando entra al cine y lo que se encuentra es exactamente eso mismo sin salirse del guion lo mas mínimo e incluso dejándolo en un producto tan sumamente blanco, que se reduce el besuqueo a la mínima expresión en el caso de los adultos (no hablemos ya de sexo o de un mínimo de escena romántica) y directamente se suprime y se cambia por un abrazo en el caso de los adolescentes.

La familia Mee ha perdido a la madre por alguna enfermedad indeterminada hace cosa de un año. A Benjamin (Matt Damon) esto le ha supuesto tener que hacerse cargo de todo, es decir de sus dos hijos y tener que relegar su vida profesional como periodista de cosas extremas. El hijo mayor, Dylan (por el cómic de Dylan Dog y no por “un perro llamado Dylan” como deciden reinterpretar los dobladores de la película, y no es la única reinterpretación que hacen en relación al niño), tiene 14 años y emplea su gran talento para el dibujo en crear obras macabras (pero cojonudas) y en crear problemas en la escuela hasta que le expulsan.

La hija menor, Rosie es mas feliz y aun conserva la inocencia y es el recurso que usa el director para sostener gran parte de la película, porque junto a los animales, el personaje de Rosie, aun irreal como me parece, es de lo mejor de la película con diferencia. Benjamin decide romper con todo, deja su trabajo y aprovechando la expulsión de su hijo del colegio, pretende cambiar la vida de todos de arriba abajo y así intentar escapar del constante recuerdo de su mujer.

Vende su casa y compra, como el titulo original deja bien claro, un zoo que lleva cierta tiempo cerrado, aunque sigue con mantenimiento. Un zoo pequeñito, como los hay muchos, pero con leones (aunque sea uno), tigres y un oso ademas de los animalitos menores propios de estos sitios. La película gira en torno a los esfuerzos que tienen que hacer para ponerlo al día y en orden para un futura reapertura y en como eso crea nuevos lazos familiares, aunque sea a base de estirarlos hasta el punto de ruptura y en como se relacionan con los cuidadores (o cuidadora especialmente Scarlett Johanson) del zoo.

Poco mas que decir. Sabes como va a acabar, como se van a desarrollar los acontecimientos y hasta que música va a sonar. Es ñoña, ni siquiera es romántica y es tan familiar que solo tiene su hueco entre quien decide llevar a los niños al cine. Pero engañar no engaña, es lo que es. Lo peor de la película son los padres que llevan a sus hijos al cine y no son capaces de llamarles la atención cuando se aburren como ostras y deciden hacer ruido sin parar con una puta botella. Claro que mal ejemplo dan otros mas adultos cuando sin cortarse ni media contestan el teléfono en medio de la película. En fin… lo dicho, cine familiar tan blanco e inocuo que puede hasta pasar desapercibido… quiero decir que para ir con los niños y ver animalitos, mejor meterse a ver “El rey león”.

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