Suspiria (2018)

Suspiria (2018)

Título original: Suspiria
Dirección: Luca Guadagnino
País: Italia/USA
Año de producción: 2018
Géneros: Terror sobrenatural, Remake, Danza

Antes empezar a hablar de esta nueva versión, creo oportuno comentar dos cosas. Primero, que me sorprende que en una ciudad como Bilbao donde abunda el postureo, solo se pueda ver Suspiria en una única sala y sesión. Me parece sorprendente sinceramente, aunque al menos esa única sesión en sala diminuta, estaba llena en sesión de sábado para ver esta alargada versión. Porque en efecto, lo segundo que sorprende es la duración de la película, bastante mas que la original y que entra en unos metrajes arriesgados cuando nos enfangamos en el género y de los que no es fácil salir airoso sin perder gente por el camino. En la susodicha sesión de sábado tarde, hubo 3 deserciones a mitad de película.

Quizás se estaban aburriendo, no lo sé y no imagino que es lo que puede a uno a irse de un cine a mitad de proyección. Uno puede fantasear con ello, pero realmente hacerlo supone la ruptura de un pacto con el cine en general y debería estar penado con un estigma visible por el resto de espectadores y con escarnio publico. Si vas a seguir leyendo, cosa que dudo porque aquí no lee ni el tato y en el fondo estoy hablando a nadie, debo avisar que voy a hablar libremente y con spoilers.

Hablando de Suspiria en particular, hace poco hice un revisionado de la Suspiria original, que tenía mas que olvidada por algún visionado a temprana edad. Sabiendo que no iba a poder resistir ver la nueva versión me parecía oportuno refrescar conceptos para luego poder degustar un poco mas el paso del tiempo, de modas y estilos. En efecto los cambios estilísticos ocurren y es algo que vemos desde la desaturación de la paleta de colores cambiando los chillones y casi ofensivos colorinchos de Argento por un tono mucho mas apagado, gris como las fachadas de Berlin oriental, hasta los cambios musicales y de saturación también sonora a la que nos sometía Argento. Parece ser que según comenta Luca Guadagnino, desde joven ha vivido una especie de obsesión con Suspiria que ha desembocado en el cumplimiento de una autopromesa hecha a temprana edad, la de crear su propia suspiria y como tal, hace suyos ciertos cambios y atrevimientos que pueden o no ser del gusto general, depende de como de transigente sea uno.

El exceso de duración viene dado por la inclusión de tramas y personajes nuevos que son ejes centrales de su versión en oposición a la de Argento. Si aquel nos ofrecía cierto anonimato de fondo y Susie era un conducto de fuerzas narrativas y esotéricas, sin mucho que hacer al respecto, excepto al final, aquí ese papel parcialmente se lo queda la Patricia de Chloë Moretz, para liberar así a Susie “Dakota” de cierta fatalidad inocente y darle mucho mas peso en las acciones y decisiones del akelarre de Madre Markos. Se insinúan elementos turbios respecto al origen de Suzie que no concuerdan con su procedencia, que a mi no me queda clara si finalmente era Amish o Menonita. Fun Fact, la primera vez que escuche la palabra “menonita” en “Warlock, el brujo“, ahí lo dejo como coincidencia.

Como decía, se sugiere un pecaminoso origen (¿puede que concepción también?) de Suzie, pero si hay algo mas en las palabras de su madre, aparte de lo que vemos de que su hija sea de una sexualidad no reprimida, es algo con lo que me quedo con la duda. Puede que no haya mas que eso, “tan solo” su pasión masturbatoria en un entorno represor de la feminidad, ligada con las imágenes de ella misma abriéndose el pecho convertido convertido en sexo como un elemento mas del simbolismo femenino y de su idoneidad y predeterminación para ocupar su lugar final en esta nueva trama.

Como digo, la trama de fondo es la misma, pero el devenir, el desenlace y las subtramas son firma de Guadagnino. Para empezar hay que dar cabida a Tilda Swinton y sus múltiples egos. Por eso tenemos una trama secundaria que involucra a un psicólogo viejuno interpretado por la propia Swinton y que sirve, dentro de un punto de vista totalmente femenino y feminista (que me invento porque sí) de la película, de refuerzo de la debilidad masculina por su pasado respecto a la guerra y a la desaparición de su propia mujer, interpretada breve y oniricamente por Jessica Harper, la Suzy original de Argento.

Este personaje junto a una pareja de policías ridiculizada incluso a nivel fálico y sin voluntad ninguna en manos de las mujeres, refuerzan la imagen del hombre que transmite toda la película y que está entre lo innecesario y la mera molestia. Otra parte de la subtrama que trata a Berlin y a la época como parte los personajes, es la inclusión y las sugerencias de cierta interconexión de empoderamiento femenino entre lo que ocurre en la academia de baile y lo que ocurre en la calle con las acciones de la “Fracción del Ejercito Rojo”.

Otro hilo argumental que alarga la duración es la inclusión de las 3 madres de Thomas de Quincey en la película. Argento tuvo a bien incluir cada una en una película diferente (Suspiria, Inferno y La Madre del Mal) mientras que Guadagnino incluye a las 3 en su Suspiria, negando a una que se lo toma un poco a la tremenda y que se saca de la disputa de manera radical y dejando a Madre Suspiriorum y Madre Tenebrarum en su propia disputa por los encantos de Susie. Esto es en parte lo que propicia el acto final de la película y que es donde Guadagnino pone toda la carne en el asador y donde se la juega como no suele jugársela nadie hoy en día.

Dicho acto final es una definición fílmica de lo que en la calle llamaríamos “venirse arriba” y vaya si se viene. El director se embriaga del propio hechizo que la danza canaliza y se lanza a una vorágine de descontrol, sangre y bizarrismo que va a ser el punto de control de la película. Es lo que va a hacer que “la compres” o que reniegues eternamente. Es riesgo, es locura y puede llegar a ser un ataque contra el espectador que no esté prevenido. Y bueno, ciertamente prevenido no estamos nadie desde el momento en que cambia el final de Argento en su fondo.

Y llego hasta aquí sin comentar nada las interpretaciones y es cuando me doy cuenta de siendo importantes, no son determinantes en mayor o menor medida, de lo que lo es la atmósfera generada y como en eso no se diferencian tanto ambas versiones. Puede ser una chorrada totalmente errónea dicha por mi percepción en base a nada realmente, pero pasadas las horas de reposo que han pasado desde el sábado me veo mas recordando el estado embriaguez argumental o la fuerza del hechizo en cuestión que las acciones individuales.

Que no digo que no sean fundamentales, solo constato que para el cierto rechazo que tengo a veces a las pantomimas de Tilda Swinton o al nulo aprecio que puedo tener como actriz a Dakota Johnson, ni el protagonismo de una, ni la falta de carisma de la otra arrastran a la película fuera de un equilibrio, que es al final el que hizo que no me aburriera durante 2 horas y media. Enrollándome mas de la cuenta, lo que pretendo decir es que yo si que compro la película, a pesar de sus faltas, de incluir personajes y tramas de mas y su acto final absolutamente loco.

Acabo comprando el epilogo también, innecesario sin duda, pero que templa un poco lo que habría sido dejar a la gente pegada a la butaca sin saber que pensar o que demonios acababa de ver si hubiera dejado el final del ultimo acto como final de la película. Por supuesto rechazo y aborrezco completamente a la gente que la compara con Hereditary, siendo como es aquella una puta broma de mal gusto perpetrada por y para gente, a la que no le gusta el género y siendo Suspiria una arriesgada demostración de amor por Suspiria, por no llamarlo delirio.

One Reply to “Suspiria (2018)”

  1. Oye,

    Que yo si te leo, aunque no comprenda casi nada de lo que dices, como en esta ocasión.

    Un análisis muy exhaustivo. Gracias!

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