Los ojos sin rostro

Los ojos sin rostro

Título original: Les yeux sans visage
Dirección: Georges Franju
País: Francia
Año de producción: 1960
Géneros: Enfermizo/Mad Doctor/Loca con mascara

De rebote he saldado la cuenta con esta película (de rebote y porque está en el Filmin) y que a gusto me he quedado al hacerlo. Es extraño acabar una película enfermiza con esa sensación, pero si me paro a pensarlo es precisamente así como me he sentido, a gusto, placido, casi etéreo como los movimientos de la enmascarada protagonista. Es ella mas que nada la que le da un toque onírico a todo en su pesar, su drama y su transitar perdiendo la cordura a cada paso.

La joven Christiane tiene el rostro desfigurado por un accidente de tráfico provocado por su padre. El infame progenitor, es ademas cirujano especializado en trasplantes y tiene la brillante idea de, junto a su ayudante, secuestrar a jovencitas para cortarles la cara y trasplantarla a su cada vez mas desquiciada hija. Todo el mundo está aquí como una regadera en el mejor de los casos o como unas maracas en el peor. El padre/Mad Doctor es un frío asesino del que no sabemos si realmente le mueve la culpa o simplemente el afán de conseguir solventar el problema medico de evitar el rechazo biológico de los trasplantes. La hija, porque no es ajena los crímenes que cometen en su nombre, aparte de odiar tanto su rostro desfigurado como la mascara que le obligan a usar. El que su padre la simule muerta para el mundo para encubrir uno de sus asesinatos, tampoco hace delicias en la salud mental de la pobre Christiane.

Por ultimo, la particular «Igor» de este Mad Doctor es la siempre digna de ver «Alida Vali» a la que algún día habrá que reconocer su carrera en el cine de género (está en todas esta señora). Aquí interpreta a Louise, ayudante, enfermera, cómplice, secuestradora y ex paciente del doctor Génessier. Magnifica con su collar de perlas y el secreto que esconden. Todo en la película es de un peso trágico y loco abrumador, excepto en lo referente a Christiane cuya locura parece vaporosa, sellada día a día, cayendo entre una espiral de reflejos inexistentes en la casa, pero aun así omnipresentes en su psique.

Hay elementos con los que el paso del tiempo no es amable, como quizás lo sean los policías y su lamentable plan lleno de agujeros. Pero no afean una función de puro disfrute, que inquieta por ir a lugares comunes de nuestros terrores contemporáneos sin temblarle el pulso. Ademas lo hace sin ser consciente de que aun naciendo a rebufo de otros, estaba sentado cátedras e imprimándose en el subconsciente de creadores posteriores y de que acabaría estando presente hasta nuestros días. Por ultimo, un 10 para el final absolutamente perfecto que nos regala.

Cada uno puede quedarse con lo que prefiera, con el siempre presente ladrido de los perros, con la fría actitud del padre «Sonríe, sonríe… no tanto» a pesar de «hacer todo por su hija», con la implacable lealtad de Louise y sus perlas, con la desolación del prometido que cree muerta a su amada y de repente abre la puerta a la esperanza, con la policía y su incapacidad para imaginar lo que sucede. Aunque yo con lo que me quedo siempre es con Christiane, con su forma de moverse, con sus ganas de morir, de no querer su mascara y su manera de tomar las riendas de la situación, bailando con el diablo si se me permite la referencia a Joker. Una delicia enfermiza, no puede haber halago mayor.

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