Kings of the Wyld

Kings of the Wyld

Titulo Original: Kings of the Wyld (The Band #1)
Autor: Nicholas Eames
Género: Fantasía satírica/Mercenarios crepusculares
Publicación: 2017
Paginas: 528

Serie: The Band #1 
Mi Nota: 5/5

But what does a mirror know? What can it show us of ourselves? Oh, it might reveal a few scars, and perhaps a glimpse—there, in the eyes—of our true nature. The spirit beneath the skin. Yet the deepest scars are often hidden, and though a mirror might reveal our weakness, it reflects only a fraction of our strength.

Banda Sonora en Spotify

Tras pasar una de esas cíclicas crisis de lectura, vuelvo con fuerza donde lo dejé, que es internándome en otra Opera Prima de la que tenía muy buenas referencias, tanto de lectores como de otros autores como el propio Ed McDonald quien como autor novel ha dado en clavo de mis gustos con la saga «Blackwing«. En este caso abandonamos el Grimdark mas propio de este tipo de historias para irnos a un humor fantástico respecto y a costa, de un mundo donde las bandas de mercenarios son tratadas y veneradas como si de rockeros se tratara. Esto es lo que dice la sinopsis, pero es quedarse corto y no acertar del todo tampoco, pero sirve al propósito de acercar al lector reticente. Este juego con las bandas de rock, lleva a que tanto esta novela, como la continuación «Bloody Rose» tengan sus propias listas de Spotify, que por supuesto incluyen los títulos que acompañan a los novelas, en este caso la mítica canción de Thin Lizzy.

En dicho mundo de civilización y zonas pobladas de monstruos, viven el ocaso de sus días nuestros aguerridos protagonistas. En tiempos pasados todos ellos formaron una de las mejores bandas de mercenarios «Saga», pero hoy en día son unos viejos achacosos, cada uno viviendo su vida con mayor o menor fortuna. La vida sigue su curso, un caudillo de una antigua raza inmortal (con orejas de conejo, que no de elfo) ha formado un ejercito compuesto de monstruos, de vida asalvajada y faerica, con la intención de hacerse con una lejana ciudad.

Clay smiled like a man who’d won first place in a “Whose Life Sucks the Most”

A nadie parece importarle mucho, excepto a Gabe, cuya hija es una mercenaria atrapada en el asedio a dicha ciudad. Gabe como es lógico se propone reunir de nuevo a al banda para ir al rescate de su hija empezando por convencer al viejo Clay «Slowhand» Cooper, de dejar atrás su hogar, su esposa y su hija para ir a lo que es sin duda una muerte segura. Así comienza la novela y así nos vamos a lo inhóspito del Heartwyld.

No soy muy de humor, ni de ver las cosas desde un punto de vista amable. Suelo preferir la negrura mas absoluta, pero aquí me he sorprendido disfrutando del humor en su justa medida. El talante, el animo y la circunstancias son las que sobrellevan una historia que es jodida y que no augura nada bueno para los protagonistas, ni para casi nadie en realidad.

Saying glory to a warrior was like saying walk to a dog,
you got its tail wagging, sure as shit

El caso es que tengo que reconocer a un autor novel, que haya sabido hacerme querer a sus protagonistas y querer que las cosas les salieran bien. Me ha hecho tener esperanzas y temerlas a la vez, porque uno puede esperar lo mejor, pero no deja de ser una panda de asesinos viejos y oxidados sin posibilidades aparentes de éxito. Lo considero desde mis absoluta parcialidad y falta de objetividad y no veo sinceramente como poder darle menos de 5 estrellas.

Among them is a renegade king, he who sired five royal heirs without ever unzipping his pants. A man to whom time has imparted great wisdom and an even greater waistline, whose thoughtless courage is rivalled only by his unquenchable thirst.

At his shoulder walks a sorcerer, a cosmic conversationalist. Enemy of the incurable rot, absent chairman of combustive sciences at the university in Oddsford, and the only living soul above the age of eight to believe in owlbears.

Look here at a warrior born, a scion of power and poverty whose purpose is manifold: to shatter shackles, to murder monarchs, and to demonstrate that even the forces of good must sometimes enlist the service of big, bad motherfuckers. His is an ancient soul destined to die young.

And now comes the quiet one, the gentle giant, he who fights his battles with a shield. Stout as the tree that counts its age in aeons, constant as the star that marks true north and shines most brightly on the darkest nights.

A step ahead of these four: our hero. He is the candle burnt down to the stump, the cutting blade grown dull with overuse. But see now the spark in his stride. Behold the glint of steel in his gaze. Who dares to stand between a man such as this and that which he holds dear? He will kill, if he must, to protect it. He will die, if that is what it takes.

“Go get the boss,” says one guardsman to another. “This bunch looks like trouble.”

And they do. They do look like trouble, at least until the wizard trips on the hem of his robe. He stumbles, cursing, and fouls the steps of the others as he falls face-first onto the mud-slick hillside.

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