Fausto (Фауст)

Fausto (Фауст)

Anoche nos dieron un carnet de modernos a la salida del cine. Es innegable que quien sucumbe ante la película de Sokurov se lo merece. Lo malo es que no lo quiero y prefiero cambiarlo por un vale por una sesión en Lacuna Inc. que me devuelva parte de mi fuerza vital perdida bajo el peso brutal con el que Sokurov, como si se tratara él mismo de un heraldo del propio Mephistopheles, pretende hacerte pensar que un trato, a cambio de tu alma, no es algo tan descabellado si puede salvarte del profundo y absoluto tedio con el que te aplasta esta película.

Hay una explicación muy lógica para que esta película se llevara el Leon de oro en el pasado festival de Venecia. Hay mucha droga en el mundo del cine, es la explicación mas lógica. Solo puedo entender dicho premio, si Aronofsky (presidente del jurado) y compañía, estuvieran bajo días y días de dieta anfetaminica festivalera y se hubieran querido relajar un poco antes de ver este Fausto dándose un homenaje lisérgico a base de panoramix.

En ese caso, abriendo las puertas mentales como solo el LSD y Walter Bishop saben hacer, puedo entender que esta película sea una experiencia absolutamente reveladora de la esencia del cine. Pero solo en ese caso, porque si las ves un lunes cualquiera sin mas estimulantes cerebrales que unas llaves inglesas de pica pica y una Pepsi max, lo que ves es otro enorme ejercicio de cine vacío que solo tiene formas con las que elucubrar una propuesta hecha a medida de los que no quieren quedarse fuera de la cola donde reparten los carnets con la triviral “critico/moderno/cinéfilo”

Decir que es una reinterpretación libre de los huecos entre líneas de la obra de Goethe, es un eufemismo. Hay un tipo que se llama Fausto y que es alemán, ahí acaba toda similitud. Y antes de que el moderno de turno empañe sus gafas de pasta bufando, os recuerdo que tengo marcada la casilla del Fausto de Murnau, en muda y con orquesta, así que no nos pongamos ahora a medirnos los sables láser. Se quien es Fausto, como y porqué y en muchas de su versiones, y aquí se lo pasa por el forro de sus respetos.

Sokurov usa ese recurso tan viejo como el mundo de “la primera en la frente” y así es como con el primer fotograma te llevas un pollazo en los sentidos. Literalmente, mientras degustaba una gominola de pica pica, me encuentro con una huevada, con su consiguiente cimbrel, en primer plano absoluto y además de un muerto que esta siendo eviscerado en busca del alma por Fausto y su minion.

Desagradable es poco, pero promete…  búsqueda del alma, del conocimiento, bueno… vamos bien, le perdonamos la impertinencia del desagrado visual. Después nos tomamos nuestro segundo cuartito de acido para conocer al padre de fausto, hurgándole a una paciente viciosa en el potorro hasta sacarle un huevo cocido entre los gemidos de placer de la señora que acto seguido pasa a comerse el huevo recién parido. Vamos calentando motores hacia el infierno.

Podría seguir por el propio Mephisto que tiene la huevada en el culo, pero esto no lo vemos sin que antes Sokurov nos deleite con el absolutamente innecesario plano de una vieja desnudándose. En fin y lo llamo Mephisto, siendo condescendiente porque no he visto un demonio tan patético desde el que tuvimos la desgracia de ver hace poco en la nueva Ghost Rider.

En fin, cine vacío de contenido, pero cargado de losas de granito. Oprime, atonta y lleva a los abismos del puro tedio. Eso si, con todo lo que deleita a los teóricos del cine como ejercicio poético estilista, que prescinde de historia o argumento, para liberarse de las ataduras que constriñen el arte y salir de la caverna. Es todo estilo y formas, vacías de contenido, pero relleno de hormigón armado. En versión original en Alemán, en 4/3 de pantalla, que a veces gira un poco para quedarse con los gafapastas y un cropping en muchas ocasiones y que se hace tan molesto como muchas de las imágenes y que me la trae en sentido pendular armónico lo que quiera decir con Sokurov dicho «recurso».

Aburrido, lento hasta el punto que sus dos horas y media, se multiplican por infinito. Mensaje nulo y todo lo que Fausto dice de buscar el alma y el conocimiento, incluso la culpa por quitar una vida, todo desaparece en cuanto se le cruza una tierna manceba, ahí ya deja de interesar cualquier conocimiento que no lleve al jincamiento. Todo queda en estilo, en visual, en ir de transgresor con el prestamista/mephisto cagando en la iglesia y morreando las estatuas de la virgen y de Jesucristo y ya esta. No hay más. Tedio, pesadez y plomo. Ahora bien, si hay que decir que es maravillosa para no salirse de la fila, pues mira, ya estoy viejo para eso, me salgo de la línea. Ha sido una experiencia única, eso si debo de decirlo, pero de verdad os aseguro que si lo intentáis, acudáis antes a vuestro de camello de confianza . Y hablando de Rusos lisérgicos, no dejaba de acordarme durante buena parte del metraje de las experiencias similares que transmite «Stalker», solo que con Tarkovski puedes meter la cuchara y sacar contenido y no confunde lisérgico, con peñazo…. o bueno si, también lo hace, no nos vamos a engañar, pero de una manera que no sientes que hayas tenido una tremenda perdida de tiempo. De lo malo malo, era día de espectador ayer.

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