La vida de Adèle


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Un breve comentario de domingo sobre la adaptación del cómic “El Azul es un Color Cálido” que os recomendé en su momento. Y lo de adaptación es en el termino mas amplio de la palabra porque en 3 horazas de película las similitudes con la historia que cuenta Emma en el cómic se quedan reducidas al mínimo, por no decir a lo inexistente.

Como suele pasar en estos casos, quien no haya leído el cómic tendrá una opinión diferente, pero yo la voy a dar desde el punto de vista de quien esperaba encontrar algo de la intensidad y la extrema tristeza que transmitía el cómic y que se ha encontrado con una película excesivamente larga y en la que si no tuviera una pareja de lesbianas como protagonistas y sus escenas de sexo largas y explicitas, hubiera quedado como una historia sin mas entre una pareja.

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Nada del drama del cómic existe aquí. Por no tener no tiene, y a pesar del titulo, ni siquiera el punto de partida de la muerte de Adèle. Y siguiendo con Adèle lo que si tiene en la película es una cara de fumada continua y una personalidad bastante tontuna. No existe ningún rasgo dramático de los que sufre por su situación de descubrir su homosexualidad mas allá de una leve bronca en el instituto.

Mientras la historia original lleva en un camino paralelo a Emma y los padres de Adèle en el descubrimiento de las complejidades de su hija muerta y repudiada a través de los diarios que esta escribía, aquí lo que tenemos es un Adèle con una vida mas o menos cómoda en casa y que putea a Emma por pura tontería.

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Los personajes están muy lejos de las complejidades y las dobleces originales, su historia es menos enrevesada y el paso de los años les afecta en igual medida que a una pareja cualquiera, sin el sufrimiento casi continuo con el que Adèle trastoca la existencia de Emma, las idas y venidas, la historia previa de Emma con su novia, ni nada parecido. En la película Adèle no es para Emma mas que otra etapa de su vida, pero no la historia que vimos tan íntimamente contada en el cómic.

No comparto el premio a mejor película, y quitando el hecho del morbo y la polémica de las sesiones de sexo que se pegan las protagonistas, tan largas y explicitas, no deja de ser una historia de 2 personas sin mas y no la historia que cambia y afecta para siempre la vida de todos los que rodean a Adèle como realmente debiera haber sido, tanto en lo referente a Emma, como con su propia familia. 3 Horas para esto no las compro… yo iba a por mi drama total y tristísimo y me fui con una Adèle muy absurda que roza el chonismo. No hacían falta 3 horas de alforjas para este viaje. Parece que es una opinión minoritaria, pero tras una semana de haberla vista, no me ha dejado ningún poso ni ha mejorado mi impresión con el paso de los días, en cambio el cómic lo leí hace un año y si que dejó una impresión mucho mas intensa, duradera y disfrutable.

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3 comentarios

  1. Creo que las escenas sexuales (evidentemente pornográficas) causan tanta indignación porque en ellas el director está lejos de ser ingenuo o esteta al haberlas rodado, sino morboso. Ni las lesbianas practicamos tan frecuentemente las tijeras (de hecho es una postura poco común y que está más presente en las fantasías heteros que en nuestras prácticas reales) ni desde luego tampoco follamos así la primera vez, como dos actrices porno que ya lo supieran hacer todo. No seamos inocentes, por favor: nuestra indignación radica en el hecho de que la mirada de este director es bastante hipócrita, porque nos quiere vender unas escenas sexuales supuestamente filmadas con realismo, belleza y sensibilidad cuando lo que vemos es pura recreación pornográfica con fines comerciales. El sexo lésbico vende, y eso el director lo sabía y por eso lo ha explotado, por eso todas las justificaciones de estas escenas nos parecen cuentos y engaños bastante perversos. De ahí nuestra indignación. Aunque quizá es difícil de comprender por el colectivo ajeno a las lesbianas… es como si hubieran cogido algo importante o valioso para nosotras y lo hubieran pervertido y convertido en algo barato y ofensivo, algo que sirviera para que el público se excitara y se regodeara vulgarmente. Nuestra indignación viene de que se haya manipulado y ninguneado el sexo lésbico por parte de un director heterosexual, y en esto tengo que darle la razón a la autora del cómic: ¿tanto habría costado contar con la opinión de alguna lesbiana durante el rodaje?
    Por todo ello esas escenas sexuales me han ofendido, indignado y humillado como mujer y como lesbiana.

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  2. Entiendo perfectamente la indignación, porque al fin y al cabo el hecho sexual es simplemente una parte mas de la historia en el cómic, pero para nada una constante y desde luego no esta tratado como se ve en la película, donde se ha hecho un factor determinante de esas escenas tan excesivas. Lo que me sorprende es que la critica haya caído de manera tan unánime en comprar como premiable y destacable lo único que se sale de la norma.

    Yo me indigno por la parte del lector que esperaba encontrar la historia triste y dura de Emma, su amor por su pareja ya fallecida y el camino de entendimiento entre unos padres intransigentes tratando de encontrar el hueco para su dolor a través de la comprensión de quien era realmente su hija, de la misma manera que Adèle/Clementine trataba de encontrar su sitio en la vida.

    Al final, de la película solo se van a recordar las escenas de sexo, como dices ademas irreales, en cambio del cómic se recuerda la intensidad emocional, mucha de la cual es la que pone de su parte la autora por sus propias experiencias.

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  3. Sinceramente, para que se hagan películas lésbicas como ésta prefiero que no se haga ninguna… porque mucho decir que visibilizan y normalizan pero parece que nadie ve que en realidad estamos en lo de siempre: las relaciones entre mujeres se convierten en objetos de morbo masculino y en escenitas degradantes de tetas y coños antes que en cualquier otra cosa, y eso es más un retroceso que un avance.
    Soy lesbiana y estoy muy harta de escuchar tantas alabanzas absurdas a esta película que no es más que el desahogo pornográfico de las obsesiones de un director déspota. Fui a verla ilusionadísima porque el cómic me había encantado y tenía las esperanzas de encontrarme con algo igual de bueno o quizá mejor, pero no puedo expresar mi sorpresa al encontrarme tamaña basura… Quince minutos de porno lésbico completamente gratuito e injustificado que ensucian el resto del metraje y actúan a modo de llamada de atención desesperada (así como llamada a la recaudación, a la audiencia y a la crítica masculina) para disculpar tres horas insustanciales, desaprovechadas y vacías, con lo que podía haber dado de sí una temática inicial tan fantástica. El director sólo se preocupó de rodar tijeras y cunnilingus, no hay rastro de la profundidad de la novela gráfica, de su estética cautivante, de su buen gusto, de su sensibilidad, de su despliegue en cuanto a temas y motivos… sólo sexo explícito, poses ridículas y morbo facilón para arrastrar a la gente a verla y convertirla en vouyers.
    Sin esas largas escenas de sexo la película habría ganado en dignidad y fuerza, precisamente es contraproducente a su causa este excesivo regodeo. En lugar de estas escenas (o de gran parte de ellas) se podría haber aprovechado metraje e incluir, por ejemplo, una escena de ataque homófobo de los que están tan tristemente vigentes en Francia u otros países europeos, eso sí contribuiría a una mayor sensibilización del público y no una escena como la de las tijeras con la que la película cae en el ridículo, se descalifica a sí misma y le da la razón a quienes afirman que es pornografía mostrada sólo con el propósito de excitar. ¿Cuál es la intención si no de regodearse de tal manera? ¿Si no vemos ocho orgasmos no entendemos la pasión entre ambas protagonistas? ¿O la “necesidad” de meter estos quince minutos de sexo salvaje era porque si no nadie aguantaría tres horas soporíferas viendo a una actriz con cara de empanada?
    Me pregunto cómo es posible que nadie (o muy pocos) vean lo que es en realidad esta película: una fantasía pornográfica de un director heterosexual, basándose en un juicio apriorístico de cómo follan dos lesbianas que no es más que su propio deseo puesto en imágenes (y además tiránicamente, en plan “vosotras tocaos hasta la extenuación que yo filmo mientras babeo). De haber sido dos hombres los protagonistas (o un hombre y una mujer), el director jamás se habría recreado así en una escena sexual entre ellos y la película no habría sido tan brillante para los críticos. Si la pareja hubiera sido heterosexual y si el sexo, aunque realista, hubiera sido tratado de manera más sutil, de esta película ni se habla. Y mucho menos se la premia. Pero claro, a los críticos heterosexuales les ha gustado mucho y por eso ganó Cannes…
    Por eso, lo que me escama de todo esto (aparte de que me es imposible simpatizar con un señor que ha hecho que sus actrices se sientan poco menos que abusadas…) es que el director ha reducido una historia compleja sobre el amor, la amistad, la intimidad… en una larguísima escena de sexo hecha desde el punto de vista de un observador masculino y heterosexual (qué sorpresa) que reduce a las lesbianas y a las mujeres en general en objetos hipersexualizados cuyas prácticas sexuales son y deben ser aquellas que despiertan los deseos de este público en particular. Como siempre, se reduce a las mujeres (lesbianas o no) a lo mismo. Objetos. Objetos con los que vender, comerciar, excitar… objetos masturbatorios y poco más.
    Esta película no hace ningún favor a la causa homosexual, más bien todo lo contrario.

    Si me extiendo tanto y me expreso con tanta vehemencia es porque quiero que mi punto de vista (que es el de muchas lesbianas también) ayude a entender por qué tanta indignación justificada con esta película, por eso insisto en dar explicaciones de lo que considero que es un enfado lógico (el que también siente la propia autora del cómic) y no una pura histeria “porque sí”.
    Recomiendo encarecidamente la lectura del cómic original para que cualquiera compruebe la diferencia por sí mismo en todo cuanto afirmo: claro que hay sexo, de hecho nadie niega la necesidad de que lo haya, pero está tratado de una manera completamente diferente: con buen gusto, sensibilidad y respeto. Son escenas estéticas y realistas, no tan facilonas, exageradas y burdas como en la película, donde la mirada masculina y casi onanista se delata por sí sola. La autora, Julie Maroh, también expresó su indignación al respecto. Conste, insisto, que en ningún momento se discute sobre no mostrar sexo en la película, de hecho es necesario y está justificado que se muestre, pero no ASÍ. El problema no es con el sexo explícito siempre que esté justificado y bien presentado. El problema es cuando se ha decidido mostrar una escena sexual larguísima con el único propósito de crear morbo gratuito y polémica para después querer tomar al espectador por tonto, hacerse el ingenuo y pretender venderlo como “arte”. Eso es lo indignante. Más que una relación sincera y realista entre dos mujeres parece una fantasía pornográfica bastante tópica (e incluso ridícula por determinadas posturas) de un hombre heterosexual.
    Tened por seguro que si Kechiche hubiera dirigido “Brokeback Mountain” o una historia de amor con dos hombres como protagonistas, ni de coña se habría recreado tanto. Es por este cúmulo de circunstancias por el que las lesbianas nos sentimos tan ofendidas: se nos reduce siempre a lo mismo, al mismo papel de objetos destinados a dar placer o morbo a la audiencia… Es curioso que las mayores alabanzas procedan, justamente, de hombres heterosexuales; las mujeres, heteros o lesbianas, la ponen bastante peor y son mucho más críticas. Será quizá porque la cosificación sexual de la mujer es algo tan enquistado en nuestra sociedad, en todos los ámbitos, lo tenemos tan admitido, que ni se permite darle la vuelta cuando alguien lo cuestiona (y entonces, de hacerlo, se nos tacha de histéricas, mojigatas o estrechas de mente, como si confundiéramos “abiertos de mente” con “necesidad de mostrar sexo explícito”) y, como siempre, se visibiliza a las lesbianas sólo para la consecución del placer masculino; se las muestra como objetos sexuales en la pantalla con la hipócrita excusa de que es necesario ver esas escenas pornográficas para entender la vida de la protagonista. Y así, la vida de Adèle se queda reducida a “La vida sexual de Adèle”. Una película fácil, vulgar, pornográfica, con todo lo que podía haber dado de sí (no se dedica apenas atención a la lucha interior de la protagonista, a los conflictos con sus padres y amigas ni la solución a los mismos, no se incide en la necesidad de una mayor visibilización y normalización, etc.)… Creo sinceramente que Kechiche no quiso desarrollar con la misma extensión y profundidad ningún otro tema más que el sexual, disfrazando tal cantidad exagerada de escenas pornográficas bajo tres horas de “cine” y “arte”. El director parece que sólo se dirige a un público específico para que alabe su obra. Podía haber hecho una verdadera maravilla, pero se dejó cegar por el recurso más fácil y explícito. Es verdaderamente una lástima.

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