Byzantium


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Neil Jordan, vuelve al genero vampírico casi 20 años después de su “Entrevista con el Vampiro” y de una forma mucho mas alejada de los estereotipos de Anne Rice. Aunque es cierto que uno recuerda la historia de Lestat en algún momento, en mi parecer, esta Byzantium se sitúa mucho mas cerca de la sueca “Déjame Entrar”, en muchos aspectos.

Aunque nos alejemos del vampiro tipo de Anne Rice y de las nuevas hornadas de vampiros light de hoy en día, no nos vamos demasiado lejos de cierto folclore y aun estando situados en las islas británicas, el mito vampírico del que bebe es el de las brujas vampiras caribeñas. Al menos al a hora de nombrarlas, ya no he indagado tanto sobre si también lo hace sobre sus características. Hablamos de seres que no tienen colmillos, que caminan de día y que no están fríos al tacto ni ninguna cosa parecida, son inmortales, eso si, y se alimentan de sangre. Un poco al estilo de los vampiros rusos de “Hemlock Grove”.

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Y estoy hablando de las características y quizás no debiera hacerlo, pero es que no quiero contar nada del argumento ya que me parece suficientemente fresco, temporalmente bien disociado y de una  fatal tristeza gótica estupenda que merece ser descubierta paso a paso. Baste una frase de la película para describir las paginas que escribe el personaje de Saorise Ronan y que bien podrian servir para describir una parte de la película: “Es como si Edgar Allan poe y Mary Shelley hubieran acabado juntos y tenido una hija muy extraña”.

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Es suficiente con lo dicho y con saber que no es una historia de vampiros al uso. Lo que es también importante saber es que el reparto es tan acertado como las ambientaciones. Y es que la historia va en 2 momentos paralelos, por una parte rondamos 1808 y por otra, la actualidad. El poderío visual es en ocasiones tan bello como el cartel luminoso del viejo hotel costero (quizás sea Brighton¿?) que da titulo a la película. Saorise Ronan, a pesar de la tremenda cagada que supuso su participación en “The Host”, ha demostrado hace tiempo que merece la pena seguirla allá donde vaya y su punto de inflexión encarnado en Caleb Landry Jones, es otro chaval que me tiene ganado últimamente, sobretodo por su tremendo papel en la muy menospreciada “Antiviral

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No soy un gran fan de Gemma Arterton, pero no queda muy por detrás de los que para mi son los protagonistas íntimos y desgraciados de esta historia de amor e inmortalidad (entre otras cosas, como una sorprendente misoginia), y el comparsa de “sickboy” pega como anillo al dedo a la época en la que vive. Para mi ha caído en el momento adecuado de bajón mental y la he disfrutado bastante durante sus dos horas. No es una película enferma, a pesar de todo y mas bien la metería en mi categoría de películas deliciosas, que se degustan con placer y cierto sabor salado y metálico.

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