
Estoy aprovechando estas vacaciones para ponerme al día con las lecturas atrasadas y es que según el año laboral va avanzando cada vez leo menos, sencillamente porque me voy quedando dormido por todas partes y no suelo poder leer más de unas pocas páginas antes de caer. Fallo mío con la sencilla solución de dormir más por las noches… pero alguien se empeñó en hacer los días de 24 horas y hay demasiadas cosas que hacer, probar, jugar como para al tiempo que perdemos en eso tan cansino que es trabajar, añadirle más tiempo perdido durmiendo las 8 horas que dicen que hay que dormir.
El caso es que empecé hace meses “La insoportable levedad del ser” por recomendación de Tania, y bueno por algo su blog tiene el mismo título que la novela, así que quería saber el motivo de esa admiración. Pero mi estado de poca atención no me estaba dejando leer a gusto y no ha sido hasta ahora y tas finiquitar una lectura más fresca, como la que reseñaba el otro día, que no me he podido parar a gusto a leer este libro de Kundera. Recuerdo haber visto la película hace un montón de años, pero solo recordaba una pareja desnuda en un ático o similar. La volveré a ver para comparar y para ver si la imagen en mi cabeza es totalmente inventada por mi imaginación o si realmente es así. Aunque dudo que la película refleje más que una parte de los expuesto en el libro.
El libro nos cuenta la historia de 4 personas, aunque principalmente 2. Franz, Sabina, Tomas y Teresa entrecruzan sus vidas entre amores deficientes, sexo, infidelidades, obsesiones, necesidades, ambientado todo ello tras la invasión soviética de Checoslovaquia. Esta sería la sinopsis más o menos convencional y en lo que supongo que la película se centra, pero claro, con eso no se puede clasificar un libro dentro del etéreo género de la “Novela filosófica”. Para ello hace falta, como ocurre, que a Kundera se le “vaya la pinza” de tanto en cuanto y haga parones en su narración para desbarrar y reflexionar sobre sus traumas, cuestiones filosóficas varias, desde dios al comunismo, pasando por cuestiones más humanas como la misma naturaleza del amor entre las personas, la disociación entre amor y sexo en la que vive Tomas, la futilidad de la existencia y en definitiva el tema central no deja de ser un clásico desde el principio de los tiempos, el peso o la levedad del ser. Kudera escribe sobre lo mencionado o más o menos sobre cuantas cuestiones supongo que le asaltarían según escribía sobre las vidas de sus personajes. O sobre sí mismo, que nunca se sabe cuánto de Kundera hay en Tomas.

Bueno, pues esta forma atípica de escribir a mí me ha gustado… o por lo menos no me ha roto el ritmo en exceso porque tampoco he simpatizado con ningún personaje lo suficiente. Es más, todos me parecen muy deficientes, pero esto podemos serlo todos y yo estoy tan roto o más que ellos como para andar juzgando…. Pero yo he leído sus (ficticias) vidas y ellos no la mía, así que aquí estoy criticando. No me gustan las conclusiones de ninguno de ellos. Para mí son el colmo de la vida infeliz. Se hacen miserables unos a los otros, de la peor manera posible para mi, que es siendo terriblemente egoístas sin ser conscientes realmente de hasta que punto lo son. No compro sus vidas, ni sus motivaciones, no las comparto, las comprendo pero tocan los cojones. Y casi lo mismo puedo decir de muchas de las reflexiones de Kundera. Me ha gustado leerlas, pero no trago con muchas. Desde un análisis político muy simplista y equidistante, muy cómodo diría yo y que tiene para mí su culmen en la comparación entre la utilidad o metafísica de la muerte del hijo de Stalin y la muerte de los soldados Alemanes o Soviéticos. Veo lo atractivo de dejarse llevar por su reflexión, pero no la comparto. Demasiado filosofico y poco terrenal o mas bien creando esa cómoda barrera entre los metafísico y lo cotidiano y que a mi manera de ver las cosas no solo es cómodo, sino que es falsa y trastoca la misma esencia de la reflexión, al distanciarse y elevarse manipula su misma opinión, como si fuera el principio de Heisenberg, pero a la inversa siendo el observador el que cambia. Y no por el ejemplo en sí o por equiparar a un soldado alemán y a un soldado soviético, que puedo entenderlo desde el punto de vista de a quien ha visto los tanques del ejército rojo ocupar las calles de su ciudad y a los acólitos de Stalin gobernar su país. No lo comparto porque no comparto de base los mismos niveles en cuanto a peso y levedad de la existencia. A mí me faltan las palabras para expresarme correctamente, pero no encuentro nada metafísico ni poético en la muerte del hijo de Stalin, sino una cobardía y una automagnificacion del peso de su ser en un contexto general. Seria para mi equiparable a Franz y a los que después se relata en la novela que van a Camboya de marcha. No veo altruismo en ningún parte, solo egoísmo que para mi define el peso del ser de los protagonistas. Son leves, lo intuyen, incluso se creen que cargan un peso enorme, pero al final son tan leves (o tan pesada su existencia) como la Karenin.

Resumiendo, en mi estado mental actual, no compro las reflexiones de Kundera. Por decirlo asi, creo que lo único que hace insoportable la levedad del ser es el no querer aceptarla. No somos nada, no importamos nada, solo queremos (o quieren algunos) ser mucho mas de lo que son y que sus errores y sus defectos definan un peso que sencillamente no existe. En mi estado de ultracinismo presente, solo simpatizo y envidio la vida de Karenin en la novela. Ella sabe su sitio en el mundo, sabe que es lo importante y simpatizo mas con sus sentidos de levedad y peso.
Dicho esto puede parecer que no me haya gustado el libro, y no quiero dar esa impresión. Me ha gustado, me ha cabreado por momentos, me ha creado interés aunque no comparta las direcciones que toman los personajes. Pero aun asi, me ha gustado leerlas y ha mantenido el interés. Recomiendo su lectura sin duda, otra cosa es que esa recomendación implique que suscriba las conclusiones o ideas que transmite. Porque no, aun asi y a pesar de momentos de cabreo y de impotencia, sobre todo con Franz, ha sido una buena lectura. Suficiente como para poder echar una buena tarde discutiendo con Kundera en algún parque de Praga.

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